Este paraje, constituido por el curso medio del Duratón, fue declarado Parque Natural el 27 de junio de 1989 por las Cortes de Castilla y León, integrándose con los espacios protegidos de esa comunidad, declaración hecha en atención a la importancia de sus ecosistemas naturales y valores paisajísticos. La colonia de buitres leonados establecida en el área protegida está considerada como la mayor de Europa, tanto por su número, 710 parejas censadas en el año 2015, como por su nivel reproductivo. Esta colonia se ha convertido en uno de los principales atractivos del parque.

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Las Hoces del río Duratón fueron clasificadas como Zona de Especial Protección para las Aves (ZEPA) quedando integradas en la Red Natura 2000 en abril de 1991 y se declararon como Lugar de Importancia Comunitaria (LIC) en enero de 1998. Desde el año 2004 la gestión del Parque se realiza mediante el Proyecto LIFE, un programa de actuación específico de la Unión Europea, en cuyo marco se llevan a cabo diferentes actuaciones de mantenimiento y recuperación, así como la búsqueda de un desarrollo sostenible de los recursos del mismo.

El parque ocupa una superficie de 5.037 hectáreas que se extiende en terrenos de los municipios de Sepúlveda, Sebúlcor y Carrascal del Río, todos de la provincia de Segovia. Junto a la riqueza natural que guarda hay un importante patrimonio cultural que hacen del mismo un destino turístico y de ocio importante. Destacan la ermita de San Frutos y el monasterio de Nuestra Señora de la Hoz.

Descripción

El Parque Natural de las Hoces del río Duratón está situado en el noreste de Segovia, aguas abajo de la villa de Sepúlveda. En esta zona el río se ha encajado en un profundo cañón, que en algunos lugares alcanza más de 100 metros de desnivel.

Al interés y belleza del paisaje hay que añadir la gran riqueza arqueológica e histórica que encierra en su interior esta garganta.

El río Duratón discurre durante 27 kilómetros encajonado en el cañón que ha excavado en el sustrato calizo. En el último tercio de este recorrido traza cerrados meandros que reafirman la excavación propiamente dicha. Las paredes, que alcanzan los 100 metros de altura en algunos puntos, sirven de lugar de nidificación a muchas especies de aves, pero la relevancia fundamental se la llevan los buitres leonados que se han convertido en uno de los principales atractivos del parque.

Las características orográficas que se dan en este espacio protegido hacen que se distingan tres ambientes o biotopos diferentes. La parte alta está ocupada por el páramo, en donde abundan los bosques de sabinas y enebros que han sido muy afectados por la intervención del hombre. Existen también poblaciones de pinos resineros asentadas sobre sustrato arenoso. El fondo del cañón, a excepción de la zona inundada por el embalse, está ocupado por un bosque de ribera compuesto por sauces, chopos y alisos entre otras especies. Las paredes de los cortados rocosos dan sustento a una vegetación rupícola, propia de la roca, adaptada a la escasez de suelo y agua. Estos tres ambientes diferentes dan cobijo a una rica fauna en la que tienen especial relevancia las aves.

En los altos farallones rocosos que culminan las hoces anidan casi 700 parejas de buitres leonados, acompañados de un buen número de alimoches, águilas reales y halcones peregrinos.



Patrimonio Cultural

Los valores naturales de la zona se ven sazonados, además, mediante el valor añadido, tanto en el plano histórico como artístico, de la ermita románica de San Frutos, el monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles en el fondo del cañón y la cueva de los Siete Altares.

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La ermita de San Frutos

El más sencillo recorrido a pie por las Hoces del Duratón se inicia en la explanada de tierra en la que termina el camino de Villaseca. Desde allí hay que encaminarse en dirección al espolón rocoso, rodeado de precipicios, sobre el que se alza la ermita de San Frutos. Tras cruzar por un puente de piedra una profunda grieta, llamada “La Cuchillada”, se asciende al antiguo cenobio benedictino. Según la tradición, “La Cuchillada” fue abierta por San Frutos con su bastón para detener a los sarracenos y proteger a los vecinos de Sepúlveda que pedían ayuda, siendo así que la grieta define el terreno "sagrado" que los infieles no debían pisar.


En un balcón sobre el acantilado se ubica la ermita de San Frutos, en realidad, Priorato de San Frutos, una construcción románica del s. XII que se realizó sobre otra visigótica del s. VII. La fundación se atribuye a San Frutos y sus dos hermanos, San Valentín y Santa Engracia, que eligieron el lugar para dedicarse a la vida contemplativa.

Tan conocido como el milagro de "La Cuchillada" es el de "la mujer despeñada". La leyenda cuenta que, en 1225, un marido celoso empujó a su mujer, creyendo que esta le engañaba, al precipicio. La mujer fue salvada de la muerte por San Frutos, ya que era inocente, y en agradecimiento donó todos sus bienes al priorato. En uno de los muros del templo se puede leer la siguiente inscripción: Aquí yace sepultada una muger de su marido despeñada y no morió i hizo a esta casa lymosna de sus bienes.

Posteriormente se completó el complejo con un monasterio y un cementerio, en el que se conservan varias tumbas antropomórficas altomedievales. A la izquierda del mismo nace una rústica escalera tallada en la roca que seguramente serviría a los primitivos ermitaños para bajar hasta un río que, en la actualidad, está regulado por el pequeño embalse de Burgomillodo.


Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz

Se ubica en una pequeña lengua de tierra en el fondo del meandro de Los Ángeles. En la actualidad solo se puede acceder a él mediante embarcación ya que el embalse producido por la presa de Burgomillo ha inundado los accesos terrestres.

El monasterio data de 1231 y fue fundado por los franciscanos sobre otro anterior de origen benedictino que probablemente ocupaba el lugar de algún ermitorio anterior. La tradición cuenta que el origen está en la aparición de la Virgen María a un pastor que se llamaba Pedro, aunque se estima que fue hallada por el mismo. Se cree que la imagen fue ocultada por San Frutos en el año 711 para evitar que cayera en manos musulmanas. Cuando la encontró el pastor, esta fue devuelta a su lugar. Con la desamortización la imagen pasó a la iglesia de San Justo en Sepúlveda y luego fue recogida por la familia Lara, descendiente de los patronos del monasterio, los Proaño.

El 7 de septiembre de 1492, en el transcurso de una tormenta, se derrumbó el monasterio pero se salvó la iglesia (donde estaba rezando la comunidad). La reina Isabel la Católica encargó las obras de reconstrucción que terminó Felipe II de España, quien también añadió la hostelería y una plazuela, como reza la inscripción que se halla en uno de los muros.

Isabel la Católica era ferviente devota de la Virgen de la Hoz y visitó en varias ocasiones el monasterio en donde llegaría a tener alojamiento propio. Felipe II lo visitó en 1565. Con la desamortización de Mendizábal en 1835 se abandonó el monasterio definitivamente. El Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles de la Hoz está en vías de ser declarado de Bien de Interés Cultural.

Cueva de los Siete Altares

La Cueva de los Siete Altares es una cueva natural en cuyo interior se encuentra un monumento religioso visigodo del s. VII. Se estima que es el templo cristiano más antiguo de la provincia de Segovia. Está situada en la margen derecha, cerca del puente de Villaseca, a unos 100 metros río arriba elevada unos 10 metros del fondo del cañón (actualmente se sube por unas escaleras). Una verja resguarda la entrada (la llave se guarda en el cercano pueblo de Villaseca).

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Es la iglesia rupestre más importante de las que se han hallado en el entorno del Parque. Se trata de una cueva natural modificada por el hombre para dedicarla al culto. El santuario consta de dos partes, una exterior y otra interior. La exterior fue excavada en la roca y completada por una pared de piedra y una cubierta de madera; en ella se ha encontrado un altar rectangular coronado por un arco de medio punto tallado en la pared. La interior, dentro de la cavidad, tiene en su pared derecha tres hornacinas talladas en la misma que conforman un altar. Estas hornacinas están cubiertas con arcos de herradura, la central carece de decoración mientras que las laterales tienen molduras policromadas en rojo y negro. El altar derecho conserva una abundante ornamentación basada en figuras geométricas donde abundan los motivos romboidales. Frente a la hornacina central se ubicó una mesa. En el suelo de la cueva hay una fosa que debió de servir como sepultura a los monjes que cuidaban el lugar. En unas excavaciones realizadas a principios del siglo XX se hallaron unas hachas pulimentadas y restos de cerámica que fueron datadas en el neolítico.

El origen de este lugar de culto, así como los otros localizados en todo el Parque, se remonta a la conversión al catolicismo del rey Recaredo en el año 586 y a la extensión de la vida eremítica.

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